CYRANO DE BERGERAC O EL AMOR VUELTO PALABRA

Por Ernesto Parga Limón

Los extraños e impredecibles caminos del azar me pusieron de nuevo frente al Cyrano de Bergerac. Una conversación casual con unos amigos, el recuerdo de uno de ellos de una canción, para mi desconocida, que lleva ese mismo nombre, un breve intercambio en líneas generales de esta obra cumbre del teatro francés, luego a hablar de política y de allí al futbol, y luego del “Canelo” y las eternas dudas sobre su carrera pugilística. Pero el “mal” estaba hecho, la espinita clavada, apenas pude seguir los temas:

¿Cómo se llama la prima de Cyrano; su secreto e inasible amor?, pretendí en vano recordar.

Con un oído a la polémica de acusaciones y descargos sobre la tragedia de la línea 12, y la mente que huía intentando ahora recordar el célebre pasaje de la obra; en donde el protagonista recita el poderoso poema: No, gracias; dando respuesta a quienes le invitan a acogerse a la protección de un poderoso que impulse su carrera, al tiempo que   le recriminan su temeraria y libre manera de vivir.

“No, gracias.
¿Ser miedoso? ¿Calculador? ¿Cobarde? ¿Tener con mil visitas ocupada la tarde? ¿Utilizar mi pluma para escribir falacias?
No gracias, compañero. La respuesta es: no gracias.
Cantar, soñar, en cambio. Estar solo, ser libre.
Que mis ojos destellen y mi garganta vibre. ponerme por sombrero el universo,
por un sí o un no, batirme o hacer un verso Trabajar sin afán de gloria o de fortuna.
Imaginar que marcho a conquistar la Luna.”

Repito, el mal estaba hecho, apenas terminé de cenar, me disculpé y fui corriendo a buscar en mi viejo y descuidado librero el volumen de esta obra de teatro de 1897, que narra las andanzas del Cyrano histórico, poeta de vida licenciosa y desenfadada muerto en 1655.

Abrí el libro y olvidé, al igual que el protagonista, todo afán mundano, me volví caballero del regimiento gascón, maestro de la esgrima que hiere más con la palabra punzante que con la espada, me volví también, en mi ensoñación, artífice de la lengua que enhebra con verso fácil y fascinante… amor, belleza y verdad.

Edmundo Rostand el dramaturgo, se toma las licencias que el arte permite y más allá de la vida real centra su historia, en el amor inconfesado de Cyrano por su prima, la bellísima Roxana.

Cyrano el poeta-soldado feo y narigón, oculta su complejo tras una actitud socarrona y grosera, él ama a Roxana sin atreverse a confesárselo; bien seguro de que será rechazado por su fealdad. Roxana, por su parte, ama a Cristian, soldado compañero de Cyrano; tan guapo como insulso.

Cristian carece del talento que le sobra a Cyrano, y es incapaz de poder escribir una sola línea para declarar su amor por Roxana. Cyrano decide sacrificarse para hacer feliz a su prima y dicta las apasionadas misivas, encontrando así una forma de sacar la pasión que lo consume. Roxana ama cada día mas a Cristian al que cree ser poseedor de un espíritu sensible y exquisito.

Cyrano convierte en palabra seductora su arrebato platónico, su lágrima por el amor que sabe nunca será correspondido, es tan narigón, tan feo, que no puede mas que soñar y colarse entre el amor de otros, con la letra que vibra en ardorosa pasión, que enamora y que sacude el corazón engañado de la que no sabe en realidad quien le escribe.

Rostand en esta obra de teatro, en cinco actos nos lleva de la mano entre la acción y el arrojo al retrato profundo de la desolación y la esperanza que pujan en el corazón de Cyrano.

Comedia, aclamada desde su estreno, hilarante y profunda, que logra con maestría presentar, a la vez, la frenética acción de los lances de Cyrano y la soledad e introspección de un personaje que en mucho nos refleja a todos. Cuántas veces en nuestras vidas tras el frenesí de la vida social sucumbimos, al llegar a casa, al grito silencioso de nuestros anhelos y preocupaciones. Cuantas inseguridades y dolores, escondemos tras la máscara de una falsa actitud que nos protege.

No sé si te identificas, querido lector, con algunos de los personajes de este triangulo; quizá escribiste alguna carta o declaraste tu apasionado amor con versos, con palabras, con canciones, tal vez como Roxana amaste más que la belleza física, la finura de espíritu de aquel que te pretendía.

En el clímax de la obra, que ahora te animo a leer, el velo que oculta la verdad se descorre, y ya en el ocaso de su vida, Cyrano acepta ante Roxana, que incidentalmente ha descubierto todo, que es él el que le hablaba.

 “Así es mi vida, he sido el inventor de todo y el que todo el mundo olvida. ¿Recordáis la noche en que Cristian os hablaba bajo el balcón?… Pues bien, mi voluntad ha sido una esclava / mientras yo estaba abajo, / escondido entre la escoria, / otro subía recoger el beso de la gloria…”

Ese es Cyrano de Bergerac… la palabra entre el dolor y la esperanza.

UN CIRCO SIN PIES NI CABEZA

Fui un testigo, muy pegado a la butaca, de la sesión de la Cámara de Diputados Federal erigida en Jurado de Procedencia para resolver el asunto del desafuero del Gobernador de Tamaulipas, el pasado 30 de abril.

Una auténtica bufonada. Un concurso de caraduras y de frescos.

Y afuera los partidos en plena campaña, con miles de spot convenciéndonos, prometiendo, otra vez, una nueva era de justicia social y oportunidades. El arribo de la nueva patria; ya transformada o ya recuperada.

“El prometer no empobrece; el dar es el que aniquila”.

Y adentro del recinto la contra campaña; allí no hay promesas… ya no hacen falta, allí la cara real de la política: la mezquindad, la venganza y el interés del grupo, no la justicia, no la ley. A cualquiera que vio a los de adentro le costará creer en los de afuera.

Y afuera las campañas hablan de propuestas; dicen todos los candidatos que no morderán el anzuelo de la provocación y de la descalificación. Que ellos no son iguales.  Los de adentro sí, ya los vimos, de eso viven.  ¿Cómo serán cuando lleguen? Váyale pensando; que falta poco para el 6 de junio.

Adentro la verdad es la única que brilla por su ausencia, parece no interesarle a nadie, uno esperaría algo más de nuestros representantes en la cámara de diputados federales, que ese espectáculo cínico y belicoso.

¿Y los tribunos dónde están?, aquellos que argumentan, que convencen con razones, retóricos maestros de la esgrima mental y de la palabra que como espada penetra y desinfla la mentira. ¿Dónde están? Yo solo vi pendencieros, faltos de ingenio y de luz para dar peso a sus razones.

 ¡Qué nos da, ahora, la cámara!… solo un grupo de chapulines, que ahora vituperan enardecidos lo que antes aplaudieron con fervor; Noroñas tan boquiflojos como serviles. Tránsfugas en busca de poder, émulos modernos de José Fouché.

Todos hablan, ninguno respeta su tiempo, mentirosamente se “preguntan” entre miembros de una misma bancada, para que se detenga el reloj del que habla y así contestar lo que incluso ya traen por escrito, y ganar minutos en su exposición. El contrario hace lo mismo, se auto aluden, todo se engañan, todos faltan al protocolo descaradamente, la ley no importa; es tan porosa que siempre deja un resquicio para hacerse el vivo. Hay que derrotar al enemigo a toda costa. Esa es la consigna.

Apena ver que todos dejan que voten por ellos, todos votan en bloque de bancada. ¿Qué no habrá un Moreno que piense diferente a la orden recibida y exprese su personal postura? O quizá no la tiene. ¿Qué no habrá un panista o priista, equivocado o no, que pueda pensar que este no es un linchamiento y que el desafuero “ha lugar”? o quizá no lo dejan.

 Al calor del pleito de vecindad, el desafuero pasa a ser lo menos importante. A quién le importa eso si aquí vinimos a otra cosa, a apoyar las campañas de afuera. El desafuero es mero pretexto para tiros y troyanos, lo que vale es el 6 de junio, el INE que diga misa.  Se sacan, entonces, las listas de agravios del pasado. Se recuerda que al actual presidente se le quiso desaforar, -será este el auténtico móvil, quién puede saberlo-. Se nos recuerda, (¡cómo si se pudiera olvidar!), lo que robaron los neoliberales, que callaron como momias, que el presidente saludó de mano a una persona que no debió saludar, que liberó a otro, que al acusado del desafuero lo descarrilan en sus pretensiones de cara al 2024, que sí robaron unos, que si pero poquito. Y todos los iguales vociferan diciendo que no son iguales, que no son iguales, que no son iguales. ¡Uf! casi les creo.

Y pasan las horas y al triste espectador de esta tragicomedia, se le va el alma al suelo pensando que no tenemos remedio; no cuando así se usa y abusa de la ley, la justicia y la verdad, no si los diputados siguen actuando por encargo, en la sede misma del poder legislativo que debiera ser fiel garante de la división de poderes.

Apena también ver el poco aprecio que los diputados tienen de su propia investidura; ¡para eso nos piden el voto!; para, en lugar de representar a los intereses del pueblo que los eligió, estar de rodillas y sumisos a las indicaciones del ejecutivo correspondiente o de su partido mismo.

Eso es lo que vi, eso es lo que cuento.

Una tanda de títeres por el festejo del día del niño. Se deducen con facilidad quiénes son los hábiles titiriteros que mueven los hilos.