ENTRE LO EFÍMERO Y LO ETERNO

Ernesto Parga Limón

A Pepe y a Carmen con afecto

El tema resultó ineludible, casi se escribió solo a lo largo de la semana. Como una sinfonía; muchos fueron lo sonidos que le dieron rumbo. La insospechada interpelación de mi compañero de trabajo: ꟷ¿Te parece que la palabra efímero tenga un sonido agradable?

Justo después, como que ya estaba echada a andar la serie de casualidades que terminaron forjando este artículo… el mismo amigo me pregunta; ꟷ¿viste en “face” la foto que subí sobre mi hijo; ya al volante de un carro?  Y yo pienso… ¿de verdad; lo efímero es realmente efímero?

Y una tercera coincidencia: La entrañable cena de anoche con mi hermano y su esposa; la plática después de los temas baladíes se encaminó al recuerdo por los padres que se han ido, el duelo que no acaba de marcharse, la gratitud por su vida, su presencia que nos acompaña, y una cierta complacencia (o quizá vanagloria… no lo sé, pero que ayuda) por creer que fuimos buenos con ellos.

 Me preguntan al calor de los recuerdos… ¿Conoces el cuento que circula por la red; Las Sandalias negras? Me lo cuentan…

La última vez que le regalé unos zapatos a mi madre, fueron unas sandalias negras.

 las estrenó ese mismo día. Cuando se las vi puestas ¡hasta me sorprendí!…

¿por qué las has estrenado tan rápido?

Y me contestó…

¿Ajá, y si me muero mañana?…  las va a estrenar otra. ¡No mijo, estás son para estrenarse hoy mismo!”

Dos meses después mi madre falleció.

Hoy volví a recordar las sandalias negras de mamá -algo desgastadas- Y pensando me pregunto.

¿Qué estamos esperando para estrenar…

En síntesis, la vida es solo una, aprovecha al máximo cada día, da las gracias, pide perdón, es ahora; ¡vive!, nos enseña esta historia.

Es tiempo de soltar amarras, pensamos los 4 comensales. Viajar, sí, viajar en la geografía del tiempo y la distancia. Es hora de abrir la casa a los amigos, es hora del viejo libro que me espera, «ahora sí, es mi tiempo», se piensa convencido mientras se disfruta del milenario placer del fruto de la vid que canta su pasado legendario con acordes de presente.  Y otra vez la duda… ¿se nos va la vida en nada?

Cuando veo la foto del chico: hombre/niño, (todos los hijos lo son siempre) sentado orgulloso en el carro que acaba de adquirir; pienso, ¿Hace cuánto tiempo que estuvo sentado sobre el regazo de su padre?  En el regazo, ese hueco vital que es amparo en el amor.  

¿Nada de eso queda, todo ese amor se disolvió en la nada?  ¿O el tiempo puede contener, también, notas de eternidad?

Hace algunos años me angustiaba pensar en lo que se va dejando atrás con el devenir inexorable de los años. Hoy lo veo de otra manera, ya no atiendo solo a lo efímero del tiempo, me maravillo y me gozo, ante todo, de su recurrente circularidad. Lo que fue…sigue siendo, ahora de otra manera, quizá más espiritual, incluso más humana. Los viejos lo sabían; “Recordar es vivir”, entendían que es posible el viaje hacia atrás, en pos del ayer, para actualizarlo cuantas veces lo queramos.

Que lo efímero no nos distraiga de lo eterno, que no nos confunda.

Pienso que se debe vivir intensamente el hoy, no solo porque se escapa, sino esencialmente por lo que puede dejar en el almanaque del amor.  Ese es el verdadero sentido de “aprovechar el día”, del “ahora o nunca”. Cada día nos ofrece la ocasión de vivir con vibración de eternidad. Así aprovecharon el día nuestros padres construyendo, en su presente, el tiempo que hoy nos da identidad, orgullo y plenitud.

El ahora bien vivido, bien amado, es un depósito en el banco perenne de tu historia. Aprovechar el día no significa experimentar todo cuanto se pueda porque la vida es solo una. ¡No!

Aprovechar el día significa observar; no solo ver, escuchar; no solo oír, acariciar; no solo tocar, conversar; no solo hablar. Es dejar en el camino y en los corazones la huella, el surco profundo e indeleble de tu presencia.  Aprovechar el día, la vida…es conjugar con plena conciencia las varias maneras en que somos tiempo.  Es entender que a este hoy, si se le vive con apasionada entrega, con generosidad, lo podemos dotar de permanente circularidad para que cuando vuelva, revestido de recuerdo, sea impulso y alegría para los que vienen detrás de nuestra impronta.

No lo olvides, la familia es después de todo, el único lugar a donde se vuelve. Aprovecha el día, cena con tu hermano, estrena con los tuyos tu mejor perdón, tu mejor palabra, tu mejor silencio, tu mejor caricia.

 Porque todo lo que toca el amor, muy lejos está de ser efímero… es eterno.

3 comentarios en “ENTRE LO EFÍMERO Y LO ETERNO

  1. Armando Guajardo González 28 junio, 2021 — 8:41 am

    Ernesto… Excelente Reflexión 🙂.

    Traciende a prevalece en la Grandeza del Desarrollo Humano

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  2. Arturo Castilla Palafox 29 junio, 2021 — 2:58 am

    Estimado amigo felicidades por este artículo tan profundo y reflexivo.
    Esta vez no voy a participar ampliando tu tema, esta ocasión voy a reclamarte que no hayas tomado en cuenta, en tu escrito, lo
    eterno e importante de la amistad y la parte que me toca, ya que si algo tienes de sobra, y de eso doy testimonio, es ser un gran amigo, del cuál me siento orgulloso y privilegiado.
    Gracias por tu amistad.

    Me gusta

  3. Fernando E, Velasquez 5 julio, 2021 — 4:58 am

    Mi estimado Ernesto:

    Aquí, nuevamente disfrutando de la gratísima oportunidad de leer tu artículo de esta semana, y abusando de tu bonhomía, atreviéndome a comentar brevemente sobre el mismo.

    Quisiera primero ir a lo que encontraríamos en el RAE si buscáramos tanto efímero como eterno.

    Efímero: La palabra viene del griego bizantino, y significa «de un día».
    Tiene 3 acepciones:
    1.-) adj. Pasajero, de corta duración.

    2. adj. Que tiene la duración de un solo día.

    3. f. cachipolla.

    Sobre ésta última, cachipolla, a la que vincula la palabra efímero:
    1. f. Insecto de unos dos centímetros de largo, de color ceniciento, con manchas oscuras en las alas y tres cerdas en la parte posterior del cuerpo, que habita en las orillas del agua y apenas vive un día.

    Se podría decir que el RAE nos dice de manera más que clara que algo efímero es algo de corta duración. Y a lo que sigue.

    Leamos, también en el RAE sobre eterno:
    La palabra deriva del latín aeternus.
    1. adj. Que no tiene principio ni fin.

    2. adj. Que se repite con excesiva frecuencia. Ejemplo: Ya están con sus eternas disputas.

    3. adj. coloq. Que se prolonga muchísimo o excesivamente.

    4. m. Rel. En el cristianismo, Padre Eterno. El Eterno.

    En resumen, algo que siempre o que muy seguido estará en nuestras vidas.

    En mi opinión, tanto efímero como eterno en el RAE, digamos que por cuestiones de espacio, se quedan cortos. Después de todo es un Diccionario, no una Enciclopedia, Tratado o Ensayo.

    Soy de la opinión de que, efímero y eterno, deberían considerarse sinónimos en muchos casos.

    Creo que la vida se conforma de muchísimos momentos efímeros y que en su conjunto convierten nuestros recuerdos en eternos, en algo con principio -cuando se dieron-, pero sin fin.

    Mencionas el recuerdo -el universo de todos esos momentos efímeros transformados en eternos- de los seres que nos dieron la vida, nuestros padres, y que nos dejaron su ejemplo de lucha, entrega, responsabilidad, compromiso, amor -ese amor incondicional que solamente los padres pueden darnos-, y ¿a poco no? ese recuerdo nos alegra la mañana, la comida, la reunión, el coloquio familiar o con los amigos; en cuatro palabras: nos hace el día.

    Y lo mismo con muchos otros recuerdos: de nuestras propias familias, como el recuerdo del efímero momento de un niño sentado en el regazo de su padre hace apenas…, y que ahora ya conduce su propio automóvil -recuerdo de ese efímero momento que acompañará a ese orgulloso padre eternamente-, de los buenos amigos, tanto los presentes en espíritu como los todavía presentes físicamente en nuestras vidas, excompañeros de escuela, de trabajo, del club, etc.

    Todos y cada uno de esos momentos efímeros tienen fecha de caducidad, mueren cuando los olvidamos. Mientras tanto, serán eternos. Y si son solamente nuestros -personalísimos-, mueren con nosotros y nos acompañan a la eternidad.

    Mientras escribo esto, tengo al alcance de mi vista el retrato de mi madre, de mi Jefita adorada. Y sí, el duelo es eterno; y sí, tenemos la esperanza de que hayamos sido buenos con ellos, como ellos lo fueron con nosotros; y sí, el recuerdo de todos los momentos nacidos efímeros, convertidos en eternos… no tiene precio.

    Me gustó sobremanera tu artículo de esta semana. No podía ser de otra manera. Hablamos de Ernesto Parga Limón.

    Saludos, Fernando E. Velasquez.

    Le gusta a 1 persona

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