EL HOMBRE DE LAS CAVERNAS (MODERNAS)

Escribir un artículo no es fácil, como no lo es escribir en general. Yo pienso que se escribe para uno, pero no en el sentido de  que no importen los lectores, claro que importan, me parece falso afirmar lo contrario; sino en el hecho de que a través de la escritura se van depurando las  propias ideas,  se hace un esfuerzo intelectual por revisar lo que se sabe, para  ver si el conocimiento que se detenta sigue resistiendo la prueba del tiempo,  e incluso se intenta saber cuáles serán las objeciones que  el escrito recibirá.

El tema que trato hoy: la evolución social y/o cultural de la humanidad no es fácil y tiene todas las características y requerimientos que describo en el párrafo anterior.

Hay una idea, muy repetida y aceptada, de que la humanidad camina dando pasos hacia adelante, quedando atrás practicas primitivas.  Que ha, paulatinamente, pasado de un inicial estado de barbarie a uno de civilidad. Se piensa, por ejemplo, que al inicio de su andadura, el hombre era solo algo menos que un bruto que fue “puliéndose” poco a poco. 

Por ejemplo, quienes piensan de esta manera suponen que en los albores de la humanidad existía un comercio sexual indiscriminado, la violencia como expresión cotidiana a manera de imposición del poder del fuerte sobre el débil, y que la evolución fue llevando al hombre a la necesidad de la paz y la monogamia. El hombre primitivo, el llamado hombre de las cavernas, armado de una macana daba cachiporrazos violentamente a todo lo que se movía y especialmente a sus mujeres.

La tesis de la línea de evolución social y/o cultural pudiera plantearse en estos términos:

Antes salvajes ahora civilizados, antes violentos ahora pacíficos, antes promiscuos ahora fidelísimos monógamos.

Esta manera de ver la historia del hombre y de su desarrollo, quizás sea una derivación de los postulados darwinianos de la teoría del origen de las especies, extrapolada al plano cultural.

Otro origen puede ser su asimilación con el indudable progreso técnico, tan evidente hoy en día con la civilización hiperconectada en la que vivimos. Sin embargo, hay muchas evidencias, incluso en nuestra cotidianidad que apuntan en otro sentido; que nos debe de llevar al menos a cuestionar si realmente existe o es posible la evolución social y/o cultural. Es claro que dominar la técnica no nos hace mejores, la industria de la guerra es sin duda uno de los más importantes motores del adelanto técnico. 

A pesar de que la segunda guerra mundial supuso una tremenda bofetada al estatuto de modernidad del hombre, con su progreso y su desarrollo imparable, dejando ver nuevamente el peor rostro de la humanidad (léase Auschwitz, Treblinka y Dachau) y que decir de la muy reciente, apenas hace 30 años, Guerra de los Balcanes, que con toda su crudeza nos volvió a recordar las demenciales razones de la violencia.

El problema con la tesis de la evolución social y cultural es que parten, a mi manera de ver, de un serio error, al asumir que el grupo (la sociedad) arrastra al individuo llevándolo a su mejora. Nadie mejora de este modo. Hacer el bien, producto inequívoco de la mejora humana, es el resultado de una adhesión personalísima y muy íntima, de un deseo deliberado, de aquel que pudiendo hacer el mal se inclina por el bien, lo abraza y lo incorpora a su vida como una divisa de identidad.  

Tanto el hoy como el pasado más lejano, están poblados por igual de evidencia de violentos y de pacifistas, de barbaros y de civilizados. ¿En qué bando nos colocamos? esa una tarea propia de la libertad humana, no de condicionamientos sociales.

La caverna, la imagen prototípica con la que se quiere significar lo primitivo y lo incivilizado, nos arroja una solo evidencia contundente, que no necesita de especulación posterior, esa imagen es tan rotunda que habla por sí misma: El arte.  Inequívoca manifestación, ya en los albores de la humanidad, de la finura del espíritu humano. El artista, nuestro delicado antepasado, plasma lo que le asombra, lo que le estremece, el insondable misterio de la luna que cuelga su luz en la bóveda celeste. Deja constancia, también para la posteridad, de la belleza que observa y así con inaudita maestría, y con elegantes trazos de un minimalismo sobrecogedor, dibuja el ciervo aquel cuyo andar majestuoso estremeció de belleza su corazón.  

Otros quizás, fuera de la caverna, en campo raso, dan rienda suelta a la violencia, justo como hoy sucede. Nuestro artista, como muchos hoy, en uso cabal de su libertad optó por la belleza, el bien y el amor.  

La segunda guerra mundial no solo mató a millones de personas, también aniquiló la confianza del hombre en si mismo.  Dio paso, como en movimiento pendular, al otro extremo, al pensamiento fatalista propio del   existencialismo francés, se migró de la fe en toda la humanidad al descredito en la humanidad entera.  Solo quedó, como lo reflejan términos tan representativos de esta corriente:  la náusea, la nada, y el sentimiento de ser extranjero de si mismo, cargado de apatía por todo.

Pico della Mirándola nos recuerda, en su “Discurso sobre la dignidad del hombre” ,las palabras del Creador a Adán:

“No te he hecho ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, para que seas tú mismo, como árbitro y honorable escultor y modelador, quien puedas darte la mejor forma que elijas. Podrás entonces degenerar a la condición inferior de bruto, o podrás regenerar en la condición superior que es divina, extraída del juicio de tu ánimo.”

Ese es el gran dilema humano, la vida en toda época plantea la misma encrucijada, miles de veces repetida, y aplicable a cada decisión y a cada ser humano. Abrazar el bien o el mal.  Cada uno con su elección.

Viktor Frankl concluye su poderoso relato autobiográfico “El hombre en busca de sentido” con estas; tan verdadera como perturbadoras palabras, que deben mover necesariamente a la reflexión:

“Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios.”

DE PRINCIPIOS Y DE RECETAS

Por Ernesto Parga Limón

“El amor, principio, medio y fin de todo quehacer humano,

la persona principio y termino de la educación”

Tomás Melendo Granados

Sobre la educación de los hijos, se escriben cada año miles de libros, se imparten también miles de conferencias, corren ríos de tinta electrónica a través de cientos de miles de páginas en artículos de periódicos y en sitios web. Es de entenderse debido al interés y la preocupación de los padres, también de los maestros, muchas veces “padres sustitutos” de sus alumnos.  No es difícil suponer que la   educación de las personas sea motivo de interés público para la sociedad en su conjunto, ya que resulta sencillo inferir que la calidad de la educación, que se provee a los niños y jóvenes, determina la calidad, la salud, y la prosperidad de una comunidad.

Casi un axioma puede ser esta idea: Cómo sea la familia, será la persona y así la sociedad.

Que bueno que se trate en todos los medios y de manera tan abundante este tema, que bueno que se revise, se contraste y se propongan nuevas posibilidades. Sin embargo, es también muy notorio el desconcierto creciente, la perdida de foco de los padres y de los educadores en general, que abrumados no solo por lo copioso de la información, sino, por lo contradictorio de la misma, discurren a tientas, dando tumbos, intentando, como suele hacerse con las dietas, hoy una teoría, mañana otra.

Esos padres desconcertados buscan respuestas; (en un extremo, cada vez más complejas y en el otro, meras recetas de fácil aplicación), a la pregunta que siempre ronda en la cabeza de todo padre, ¿qué debo hacer para que mis hijos sean felices?

 Para formar a los hijos no se requieren doctorados, la prueba de ello más clara son nuestros padres, que todo parece indicar lo hicieron mejor que nosotros. Pero tampoco es posible enfrentar la conducción de los hijos y su preparación para la vida futura a través de recetas simplistas y consejos generales, con pretendida aplicación para todos los casos. Lamentablemente de eso se escribe y se habla abundantemente en libros y en redes masivas de comunicación.

Dice, acertadamente, G. Courtois en” El arte de educar al muchacho hoy”, –la educación es un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido común y mucho, mucho amor- Es decir más que ciencia arte, arte superior, formar y preparar para la vida.

Veamos, entonces, la radical diferencia entre recetas (soluciones simplistas, que no reconocen la singularidad de cada caso) y principios educativos (fundamentos operativos inobjetables, por ejemplo: la dignidad compartida, la capacidad de amor también común a todos, y la indudable capacidad de crecimiento en cada ser humano).

Sobre estos fundamentos inamovibles, muy ligados a la intuición y al respeto a la persona humana, se puede levantar un proyecto educativo con ilusión y esperanza, en donde los principios funcionen como guías maestras de toda la intencionalidad educativa. Así entonces, ya que busco hacer crecer a mi hijo, nunca lo ofendo disminuyendo su valía, ya que busco su libertad, nunca lo someto dictatorialmente a mi capricho etc.

La sabiduría popular nos enseña acertadamente, que educar es fundamentalmente hacer migrar los valores, en los que se cree, de una generación a otra, y que el vehículo más eficiente de esa transmisión es el ejemplo de los educadores: padres, maestros, tíos, abuelos.  Entender que la mejor herramienta educativa que poseemos los padres, no viene de fuera, que la mejor herramienta, la más rotunda y trasformadora es la persona misma del educador, que  educa desde su   vida misma.

El día en que los padres se hacen cargo de que la felicidad de sus hijos depende en gran medida; de cómo se comportan, ellos, como esposos, como hijos, como hermanos, en fin,como ciudadanos.  Ese día lejos de angustiarles el entorno un tanto ajeno a ellos, asumen que lo importante para la felicidad de sus hijos es la construcción de ese ámbito de amor, y que eso sí es de su total competencia, de ese espacio íntimo, diminuto e inconmensurable a la vez, que llamamos familia. eso es una magnífica noticia pues coloca al educador como un auténtico protagonista del proceso educativo de su hijo.

Cornelio Fabro, bellamente sintetiza este principio educativo cuando dice: –La única pedagogía es la profundidad de nuestro ser-.

Otra cosa que se debe asumir con claridad es que, además, de la intención y de los deseos que se tengan, todo proyecto educativo necesita tiempo.  No solo en el sentido de empezar a tiempo a inculcar los valores, lo cual es casi imprescindible, sino en el sentido, también, de que los valores para ser asimilados y volverse; en palabras de Aristóteles -como una segunda naturaleza- requieren de repetición y paciencia por parte de ambos; educador y educando.

Así la sinceridad, la honradez, la prudencia, y los demás valores que se desean trasmitir, solo serán incorporados a la vida del hijo, después de verlos representados repetidamente en acciones en el comportamiento   cotidiano de sus padres y luego él mismo hacer repetidamente acciones en esa misma dirección. Claramente este movimiento pendular formativo requiere tiempo de ambos.

El escritor clásico romano Horacio nos informa de la importancia de empezar a tiempo la propia mejora y por extensión la de los hijos.

-Determínate a ser virtuoso, empieza; diferir la mejora de la propia conducta, es imitar la simplicidad del viajero que, encontrando un río en su camino, aguarda que el agua haya pasado; el río corre y correrá eternamente. –

Un tercer y último principio educativo que deseo tratar aquí es el denominado, según expresión de Tomas Melendo, “educación en positivo”.

Para lograr una eficiente transmisión de los valores, en los que se cree y sin los cuales se considera imposible la felicidad de los hijos, no basta el tiempo, ni el mostrarlos desde la persona misma del educador, importa también el cómo ha de hacerse esto.

La educación en positivo contrarresta esa tendencia, casi inconsciente, de educar haciendo palanca en el miedo, en el deber por el deber, y no en el gozo natural de hacer lo que se debe hacer.  La educación en positivo es mostrar atractivamente el bien que se desea comunicar, el gozo superior que siempre, siempre trae consigo el hacer lo correcto lo que va de acuerdo con nuestros principios.

¡Qué bien lo hace el educador feliz!, que ama y disfruta lo que hace.  Los padres cuyo compromiso no les supone una carga, un fardo que hay que llevar “obedientemente” sobre sus espaldas, sino que se entregan al reto educativo con deportividad, gozando con la dicha de servir, de influir alegremente en la formación de otras personas.

¡Suerte en el empeño!

ADIÓS A LAS ARMAS

Por Ernesto Parga Limón

A mis amigos les adeudo la ternura
Y las palabras de aliento y el abrazo
El compartir con todos ellos la factura
Que nos presenta la vida, paso a paso

Alberto Cortez

Los medios de comunicación masiva, el Facebook especialmente, como todo en la vida requiere de gestión, de administración inteligente, para que realmente sirvan a buenos propósitos, de los propósitos deliberadamente malos no me ocupo, no hay nada que decir. Para algunos de los que utilizamos estos medios, el propósito puede ser, expresar alguna idea, compartir gustos en temas de literatura, música, cocina, contar chistes, otras personas gustan de compartir las historias de su familia, los éxitos de sus hijos, de su cónyuge, su pasión y orgullo por algún equipo deportivo etc.

 Hasta ahí todo me parece dentro de los terrenos de lo razonable. Sin embargo, implica ya un posible problema, lo que suelo denominar con fines meramente explicativos como “el síndrome Second Life”, seguramente me extenderé en este tema en próximo articulo debido al interés y la actualidad que me parece que tiene. Por lo pronto solo comentaré que este síndrome supone el problema de “vivir” una vida virtual alterna con mayor intensidad que la propia vida real; quizás como una fuga de la vida real o como un refugio en la vida alterna; con variables que se puedan controlar. El síndrome supone un abandono de las posibilidades y de las experiencias vitales concretas, en favor de emociones creadas de manera ficticia, viviendo al fin la “vida” que se quisiera vivir y no la que se tiene. Repito, ya volveré sobre ese particular.

Hoy lo que ocupa mi reflexión es analizar el hecho reciente de la política en las redes: Facebook, Twitter, WhatsApp; ¿Cómo es y por interés de quién, es qué se convirtieron en arena, ring y campo de batalla del tópico y de la pasión política?

¿Será este otro reflejo del síndrome de Second Life?, ¿Vivo mi vida, sin caer en cuenta, como una extensión o una proyección de la vida de los políticos?

En la última semana entre mis conocidos he visto la ejemplificación perfecta de lo que llamamos polarización política, muchos amigos me han comentado el haber discutido acaloradamente en las redes con familiares, amigos y compañeros de trabajo, y no se diga con desconocidos. Si discutir con conocidos y parientes de política me parece un desatino, hacerlo con desconocidos es un soberano disparate.   Alguien me comentó haber abandonado un chat que le costó mucho esfuerzo armar entre excompañeros de colegio, que tenían 30 años sin saber nada de sus vidas, debido a que el tema dominante terminó siendo la política y las ofensas aparecieron.

¿Desde cuándo criticar a un político se volvió crítica a su seguidor? Hoy vemos que al hablar de tal político sus fanáticos se sienten personalmente ofendidos como si al decir Andrés, Felipe o Enrique se esté pronunciando el nombre del seguidor.

 La crítica a los políticos es connatural al ejercicio de la política, sucede en cualquier democracia y en cualquier forma de gobierno. Es, además, en cierta manera, un derecho del gobernado que exige a sus servidores, (esos son los políticos), que hagan bien su trabajo, que mejoren en su desempeño. Es, también, una vía genuina de mantener aterrizados a los políticos como contrapeso de la adulación de sus círculos cercanos, lo que el pueblo sabiamente ha llamado desde siempre; lambiscones.

La historia ha dejado constancia de lo milenario y de lo útil de la práctica de la crítica y de la necesidad de ubicación que tiene todo político, como salvaguarda ante el mal que puede hacerle el excesivo poder del que dispone.

Cuando un victorioso general regresaba a Roma y hacía su entrada triunfal, uno de sus esclavos, que lo acompañaba en el mismo carro, le iba susurrando al oído, en clara contraposición a los vítores y aclamaciones que recibía: – Memento homo es! ¡Recuerda que eres hombre! -. Agregando también –Memento morí-; Recuerda que morirás. La vida es fugaz, el poder aún más.

Así que la crítica dirigida a los políticos no debe ser sentida por el pueblo, que no es él el político ni tampoco es del círculo de sus íntimos. Pienso que, en la mayoría de los casos, a los políticos muy acostumbrados y muy cínicos, la crítica no les hace mella. ¿Por qué debe ser motivo de ofensa para el seguidor?

Hasta hace pocos años, criticar al político que seguía tu amigo, era lo mismo que decirle que su equipo de fútbol era muy malo, es decir nada, no significaba deterioro alguno en la relación de amistad; ahora las cosas no son así desafortunadamente.

Esto es lo nuevo, lo inédito de la política que merece ser repensado, basta de polarización, de crispación, es demasiado y muy peligroso el nivel del encono social, a nadie, a nada sirve eso, así no se hace patria, no nos confundamos, los únicos que sacan partido son los políticos, recordemos que pronto se van. Que no nos dejen los rencores, los agravios y la profunda tristeza de haber ofendido a alguien que queremos.

Por esta razón, yo hoy llamo a esta columna “Adiós a las armas”, como aquella magnifica y estremecedora novela de Ernest Hemingway, en donde florece el amor en medio de la locura de la guerra. Yo al menos, en medio de esta crispación digo también, adiós a las armas, la política no merece que pierda un solo amigo. Afortunadamente sobran temas para tratar aquí con ustedes mis amigos.

Me quedo con “Daniel”, con su pasión por la historia y la diplomacia … En espera de que podamos, superada la contingencia sanitaria, tomarnos un café y darnos un fuerte apretón de manos.

Me quedo con “José”, con el exquisito gusto en el diseño que tanto admiro.

Me quedo con “Juan”, maestro ejempar, hombre bueno.                                                             

 Me quedo con ellos que son mis amigos, con sus lealtades probadas, con sus vidas reales que edifican en la mía.

Los prefiero a Andrés, Felipe o Enrique que son para mí, menos que una idea, y que pronto serán solo bruma en el recuerdo.

CANCIÓN DE AMOR A LA ESPALDA DE MI MADRE

 

Por Ernesto Parga Limón

“Es imposible que se pierda un hijo entre tantas lágrimas”

Dicho por San Ambrosio a Mónica la madre de San Agustín

Intentar describir las íntimas vivencias, aquello a lo que se está más unido y que se atesora en lo más hondo del corazón y la memoria, resulta más que difícil de lograr; imposible de conseguir. Siempre queda un regusto amargo de proyecto no cuajado, ya que lo que se expresa parece que no retrata la experiencia profunda de lo que se quiere comunicar.  Eso me sucede siempre cuando quiero hablar y escribir sobre mi madre.

 Sin embargo, hoy gana la necesidad al deseo de pretendida perfección literaria y aquí voy, de a poco, sacando el corazón que reboza de recuerdos y poniéndolo a latir sobre estas líneas.

Rosa esposa y madre extraordinaria, nació en 1920 en tierras y en tiempos de la guerra cristera (1926-1929) La persecución religiosa la tomó con una edad que le dejó recuerdos para el resto de su vida, vio y sufrió como todos, en aquellos pueblos, los abusos del bando federal.

Presenció, bajo la doble arcada de cantera de su casa, la detención, público escarnio y maltrato del sacerdote Román Adame posteriormente fusilado a las afueras del panteón municipal. Esa experiencia cristera acrisoló su fe, una fe sin grietas que la acompañó el resto de su vida.

Soy el menor de seis hermanos. Mi padre salió de casa en el pequeño pueblo de los altos de Jalisco, un poco antes de yo naciera, para hacerle frente a la adversidad y para buscar fortuna acá en el noreste siempre generoso. Pasaba más de la mitad de año separado de mi madre Rosa María, le costó mucho trabajo asentarse y lograr estabilizarse. La reunión definitiva de la familia se dio hasta que tuve cumplidos doce años.

Siendo yo el menor, dormía en el cuarto de mi madre, jugaba a sus pies mientras ella, vuelta de frente sobre la máquina, cosía la ropa familiar o mientras preparaba, vuelta de frente, sobre la estufa, en larguísimas sesiones, la comida para sus hijos. Yo niño, siempre a su lado, con el tierno cobijo de su espalda que bregaba infatigable: Hoy en la distancia amo la espalda de mi madre

Espalda ternura,

Espalda raíz; hogar al que se vuelve,

Espalda alas; para volar el ancho mundo,

Espalda aliento; que regala sueños,

Espalda; metáfora perfecta del amor y la oblación.

Rosa; faz hermosa, dulce mentón de azúcar, sonrisa eterna y olor a rosa.

Mis más poderosos recuerdos infantiles están ligados a esa espalda que me ofrecía la seguridad de su presencia y el calor de su cercanía.

Rosa, aunque era muy sociable, nunca necesitó nada más allá de su hogar, encontraba ahí todo lo que necesitaba para ser feliz a través del servicio y la entrega sin concesión a su familia.  Ella nos llamaba, con una expresión ponderativa, rotunda y   cargada de sentido; los míos, y convencida agregaba bonitos y buenos  los míos. Y yo caminaba seguro, mundo arriba, sabiéndome y sintiéndome de Rosa, ¿Quién contra mí? Menuda clase de autoestima. Esa fue ella.

Rosa; faz hermosa, dulce mentón de azúcar, sonrisa eterna y olor a rosa.

Esposa y madre extraordinaria; recoleta, moderna y rebelde al mismo tiempo: sabía al igual que Mónica que los hijos se salvan, en esta vida y en la otra, con una madre que reza de rodillas. Dotada naturalmente de un gusto exquisito;  entendía, sin salir de casa,  lo que iba y  lo que no iba tratándose de moda: tocaba y observaba las telas,  hurgando, como nadie,  con  deleite en la trama, el color y la textura;  amaba el pelo largo de sus hijos;  en un pequeño acto de desobediencia civil me dijo muchas veces , refiriéndose a la monja de mi colegio, – si  te dice que te cortes el pelo, no le hacemos caso, me gusta tu cabello de príncipe valiente-. Y aquel pequeño de Rosa era feliz y me soñaba como ella me quería. ¡Se puede desear mejor infancia!

Vuelta de espaldas en su máquina, (pensando siempre en voz alta, hablaba consigo misma, con Dios y con sus muertos) confeccionando para sus hijos la ropa que la moda reclamaba. Aún recuerdo aquel pantalón de dos colores (café y guinda) envidia de mis amigos, con una enorme bolsa a lado de cada pierna y una campana inmensa que debía cubrir el zapato entero.

Rosa; faz hermosa, dulce mentón de azúcar, sonrisa eterna y olor a rosa.

Verla comer era una delicia; Rosa cerraba los ojos, casi en místico arrebato y mientras con santa expresión comía “de todo” le afirmaba a Dios y al mundo su ingente gusto por la vida.

Pero Rosa era como toda madre de su tiempo, energía y suavidad en perfecto equilibrio. Todo era posible, mientras yo no llegara tarde a misa diaria; el platillo preferido, el anhelado permiso, o que la casa fuera centro de reunión de mis amigos; casa mini estadio, casa casino para jugar a las cartas, casa teatro para ensayar, con medio grupo, la poesía que al día siguiente presentaríamos. Desde cualquier rincón del pueblo donde me encontrara, el mundo se detenía al 10 para las 7 de la tarde. Todo se paraba, el futbol, las escondidas, la visita a casa del amigo y en frenética carrera, calle abajo, llegar rayando puntualito a misa.

Recuerdo aquella vez que fallé en mis cálculos y no fui puntual, temiendo la reprimenda me puse tres bancas  delante de mi madre y ella con el gancho de su mirada me atrajo hacia sí y me colocó justo a su lado, y sin dejar de pronunciar la invocación ritual que corresponde, cruzó su brazo y sin siquiera mirarme tomó mi blanco e inocente  bracito y me recetó tremendo “pellizcón” de dos y media vueltas con tirabuzón incluido; yo sabía que si me movía, venía otra caricia igual, así que solo atiné a  decir… Y con tu espíritu.

Y Rosa con creces cumplió con el adagio; sirvió para vivir porque vivió para servir.

Rosa norte,

Rosa sur,

Rosa de los vientos,

Rosa faro en la distancia,

Rosa; faz hermosa, dulce mentón de azúcar, sonrisa eterna, gozo de vivir y olor a rosa…