UNA VIDA DIGNA PARA TODOS: La utopía imprescindible del siglo XXI

Por Ernesto Parga Limón

Si usted viaja justo ahora a algún país socialista en América o Asia; países como Cuba, Nicaragua o Corea del Norte, se sentirá casi obligado a pensar que esta manera de organización política y económica ha resultado un fracaso, pues observa que sigue habiendo miseria y que la libertad; (uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, según expresión de Cervantes) es prácticamente inexistente,  sin libertad para  elegir quien los gobierne, para dedicarse a lo que libremente se desee o para moverse a su antojo. Habrá que buscar algo mejor, pensará con razón.

Si usted viaja justo ahora a algún país capitalista de libre mercado como México o Brasil, y ve la lacerante desigualdad y experimenta que; por más que se pregone que después de generar riqueza esta permeará hasta las capas inferiores de la sociedad; tal derrama es inexistente, y ve también, que la desigualdad y la dependencia económica se agudizan. Usted pensará con mucha razón que es urgente encontrar otra forma de organización económica y política.

La Tercera Vía, una forma intermedia de economía ha sido estudiada y explorada por muchos. Una vía alterna, sin la desigualdad sin paliativo del capitalismo, que se suscribe en el “Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même”; «Dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo», y sin el estatismo que ahoga la economía por falta de competencia propio de los regímenes comunistas.

Esto no es algo nuevo, transitan en esta vía con más o menos compromiso y entusiasmo, desde la Socialdemocracia, la Democracia cristiana, la Ética social protestante, el Socialismo cristiano, el Distributismo de Chesterton etc.


En el capitalismo los medios de producción están en poder de unos cuantos, en el comunismo están en poder del estado. La inmensa mayoría en ambos sistemas son empleados pobres, proletarios que vivirán así, sin acceso a la movilidad social; es decir, lo más probable es que si nacen pobre en ambos sistemas económicos pobres morirán:


En México, las posibilidades de que las personas que nacen en la pobreza salgan de esa condición son muy bajas, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) en su Encuesta de Movilidad Social en México, encontró que 74 de cada 100 personas que nacen en la parte más baja de la escalera social, no logran superar esa condición.

Imaginemos: ¿Cuánta gente en el mundo trabaja en un lugar en donde no quiere estar?, lo retiene la necesidad, eso no parece muy libre. ¿Cuánta creatividad encuentra su tumba en la penosa dependencia a un salario para obtener solo lo mínimo?

¿Cuánta energía al servicio de la creación y del emprendimiento se liberaría, si las personas no tienen que preocuparse por lo básico en su subsistencia?

Recientemente ha cobrado notoriedad una teoría de solución a la desigualdad y a la falta de libertad que supone la pobreza. Se llama Renta Universal Básica (RUB).

La RUB plantea un derecho de percepción de una prestación económica, incondicional y accesible para todos los ciudadanos, algo que se recibe por el solo hecho de vivir en el espacio geográfico en donde se aplica, sin condiciones, no es seguro de desempleo, se entrega a todos, niños y adultos, ricos y pobres de, manera permanente, mes con mes.

Esta teoría que se piensa, o al menos se desea, terminará siendo aplicada tarde o temprano en el mundo, ya que significa la categoría más alta de seguridad social que puede ofrecer un estado a sus habitantes.

El estado es de todos, el estado es un ente jurídico y económico que genera ganancia, plusvalía en términos socialistas; este valor agregado es entonces repartido entre todos los miembros propietarios del estado.  Así como el copropietario de una empresa, de una acción bursátil recibe su parte solo por el hecho de ser el dueño, sin obligación de hacer nada.


La RUB se entiende como el derecho superior inalienable que toda persona tiene a una vida digna, un techo, una mesa servida, acceso a la salud y libertad para ocuparse en lo que se desee. Lo básico que todo estado debe cumplir. Veamos… ¿eso lo cumplen los sistemas actuales? Su ausencia genera dependencias, y falta de desarrollo es decir pérdida de libertad.  


No se vaya por la fácil, antes de aventurar juicios. Posturas como “al menos tienen trabajo” son ofensivas por indignas del ser humano.  Le pido, además, que considere que este concepto es apoyado entre otros por Jeff Bezos, Zuckerberg, y Musk, los grandes millonarios actuales, así que lejos está, de ser una deriva socialista, para beneficiar a los “flojos”, es una tercera vía que apela a la dignidad inapelable del ser humano y el deber insoslayable del estado a garantizárselo.

Hay ya algunos intentos, Alaska otorga desde 1982 un cheque de 2,000 dólares anuales sin condiciones a todos sus habitantes; oigamos este testimonio: “Gracias a él, muchas personas pudieron encontrar un trabajo, ir a la escuela, pagar las facturas médicas, ir al dentista… Todos aquellos que no podían encontrar un trabajo porque no tenían vehículo privado lo consiguieron. Pero ni yo ni nadie de mi familia lo consideramos como una renta básica garantizada con la que pudiéramos vivir sin trabajar”.

Los programas de 65 y más son un intento aun muy lejano del verdadero espíritu de la RUB ya que condicionan por edad o por ingresos la posible obtención de este beneficio.

Otra cosa que es muy favorable es que la entrega de esta prestación no se hace desde un partido en el poder, desde su ideología, no es la dádiva paternalista del salvador de los pobres en turno, no son programas de Bienestar o de Solidaridad, como los que se estilan en nuestro país. Es el estado quien cumple una obligación elemental.

La RUB, opinan los expertos, generaría independencia económica que liberaría a los más pobres de aceptar trabajos que no les gustan, eso también es un derecho humano, los trabajos indeseables tendrían que ofertarse con un salario más alto que compense el esfuerzo que conllevan.

Quizá le parezca mero sueño, quizá, pero lo contrario se llama, sin más, esclavitud, paradójicamente en regímenes que se proclaman libres o liberadores del hombre como los que ahora tenemos.

 Ya nos los hizo saber Tomás Moro en su atemporal Utopía:

“Entre tanto el criado, el cochero, el artesano, el labriego andan metidos en trabajos que no aguantarían ni los animales por lo duros y al mismo tiempo tan necesarios que sin ellos la República se vendría abajo antes de un año. Apenas les llega para alimentarse malamente y llevan vida peor que la de las mismas bestias.“

Al menos piénselo…

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