VOCACIÓN CIUDADANA

Por Ernesto Parga Limón

“El papel del ciudadano en nuestras democracias no acaba con el voto”
Barack Obama

Alguien dijo por ahí que niñez es destino, que en cierta manera nuestros primeros años prefiguran los gustos y los intereses que dan sentido a la vida adulta, otros más aventuran que la felicidad está asociada a cómo somos capaces, ya mayores, de vivir conforme a esos gustos e intereses preformados. Así la vida activa familiar, profesional y social se plantea como una respuesta a un llamado…eso lo llamamos vocación.

En algunos casos las experiencias de la infancia son tan poderosas que esta llamada se impone con tal fuerza y claridad que apenas hay espacio para la duda, el chico ya sabe que dedicará su vida solo a eso y sabe también que no será feliz al margen de esa vocación… escribir, torear, desarrollarse profesionalmente en el deporte que es pasión de su vida, la respuesta a la vida religiosa, o a las artes son otros ejemplos.

Hay, sin embargo, otra vocación aún más universal, que nos incluye a todos, porque va al núcleo mismo del ser del hombre, a quien tras las huellas de Aristóteles denominamos zoon politikón, (animal social), ente que vive congregado en la polis, que requiere del grupo para alcanzar su desarrollo a plenitud, que clama por la comunidad para dar salida a su necesidad de aportar.

Esa necesidad es casi una pulsión. La llamada es, repito, universal y constitutiva de su misma naturaleza gregaria, la vida social y su insoslayable participación en ella son una definición del hombre mismo.  

Como en las otras vocaciones esta, si no es operativa en la vida humana, impide la felicidad. Sentimos que  algo falta para la plenitud, la vida del ermitaño es solo la excepción que confirma la regla.  La polis y su organización nos incluye a todos ya que en ella se juega a cara o cruz no solo los intereses de quienes votan o son votados, sino de nuestros hijos. La respuesta a la vocación por la actividad social está siempre presente, muy fiel, esperando que demos un paso al frente.

Indudablemente hay muchas formas de participación social, desde luego la mejor de ellas es el respeto a la ley, el voto mismo y la búsqueda del voto lo son también. La crítica y la queja son, asimismo salidas, aunque falsas a esta necesidad, y desde luego mucho menos productivas.

Nunca resultará una obviedad insistir en que la democracia somos todos.  Quizá usted esté pensando que, de la política entre más lejos mejor, sin embargo, esa no es la única manera de participar como ciudadano en la vida social de su comunidad.

El próximo 6 de junio se llevará a efecto la elección más grande de la historia del México moderno y de cierta manera, también, muy decisiva para el rumbo que habrá de tomar nuestro país y la democracia ciudadana que tanto nos ha costado construir.

Participe como observador electoral, yo lo he hecho, le recomiendo la experiencia, en esta ocasión participo como consejero en mi distrito electoral. Conozca la entraña misma de la democracia y el impecable e impagable servicio que miles de ciudadanos realizan en favor de la misma.  Dé respuesta, a través de esta figura de participación social, a esa necesidad que está siempre latente, usted lo sabe bien, de aportar y de sumarse más allá de la queja.

Regale a México su tiempo ese domingo, la exigencia es mínima, la aportación suya inconmensurable, mejor incluso, regálese a sí mismo ese domingo de civilidad para conocer desde el corazón mismo al sistema electoral que nos rige, para que nadie le cuente. Le anticipo una experiencia inigualable.

Los órganos encargados (el INE y en nuestro caso el IETAM) ya pusieron en marcha la imponente maquinaria que selecciona el personal ciudadano responsable de los consejos distritales y municipales, que insacula y capacita a quienes serán, el día de la jornada, los funcionarios que reciban su voto en la casilla que le corresponda de entre las más de  164,000 que se instalarán en todo el país, en el llano, en la montaña, en la costa, en la colonia, en el ejido, en la megalópolis o  en la minúscula ranchería, en todos estos lugares hombres y mujeres darán respuesta  a su vocación ciudadana participando de alguna u otra manera en esta elección.

El INE y los órganos electorales locales de conformidad con los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad salvaguardan la confianza que reclama y que merece el voto de cada mexicano en cada uno de los procesos electorales.

Y, efectivamente,  la democracia se construye y se mejora entre todos. Participe.

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