¿Por qué Borges?; suelen preguntarme.
La respuesta viene ahora, en esta muestra de la poesía cerebral, enigmática, filosófica, rítmica, cultísima y sugerente de un muy joven Borges de apenas 23 años, que escribe para su primer libro de poesía titulado “Fervor de Buenos Aires”, publicado en 1923. ¿23 coincidentes? No lo creo, conociendo el gusto y los profundos estudios de la cábala hebrea a los que dedicó ingentes cavilaciones.
Hoy que han pasado 100 años, hemos recién cerrado el 2023, se antoja una breve reflexión de uno de los poemas contenidos en este libro seminal de Borges del cual diría él mismo, que en él están contenidos todos sus intereses y todas sus preocupaciones, (tiempo, espejos, tigres, alma, amor, sueño, etc.), y que en realidad este es su único libro, que ha alargado en toda su obra posterior.

En «Final del año”, Borges busca la causa más profunda de la fascinación por la celebración de fin de año, descarta razones o aparentes motivos; no es, dice, ni la vacía metáfora de la muerte de lo viejo que da paso a lo naciente, ni siquiera es el hecho astronómico que supone.
Con sutileza se contrapone a Heráclito, el presocrático filósofo que pregonaba que nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, pues “todo fluye”, Panta rei (Πάντα ῥεῖ), ya que ni el río es el mismo ni la persona es la misma, pues todo migra, y nada permanece. Borges por el contrario piensa que algo queda inmóvil, inalterable, que no todo es fluir al río de la nada del olvido metafísico.
¿Tú qué piensas?, ¿El tiempo y sus relativos: la muerte, la eternidad, la inmortalidad, la fluidez, el ayer, y el futuro, ocupan tus reflexiones? ¿Tú eres parte de esa “sospecha general y borrosa” de que a pesar del aparente discurrir y de la sucesión interminable de eventos y de circunstancias, algo queda inmóvil, inmortal y trascendente, que somos el mismo río y la misma persona ahora renovados, que en la alborada del 2024 caminamos de frente a nuestro destino, cargando en una mano la maleta repleta de lo que somos ahora al haberlo sido ayer, y en la otra mano, la valija vacía que solo el tiempo y sus enigmas saben cuánto y hasta cuándo llenaremos.
Aquí sigue Borges…
FINAL DE AÑO (Jorge Luis Borges)
Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil,
algo que no encontró lo que buscaba.
