CATARSIS

Por Ernesto Parga

 

            “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”   Groucho Marx

Es indudable que una labor de primer orden entre aquellos que nos quieren es la de protegernos siempre. Aconsejarnos cuando con intención o sin ella nos acercamos a algo que pudiera ser dañino para nosotros; decirnos frente al peligro, sin importar la naturaleza que este tenga, -allí no hay nada bueno para ti, no te metas en camisa de once varas, perderás la más por lo menos- y así, con similares reconvenciones, intentar que seamos juiciosos. Todos sabemos que hay lugares y acciones de los cuales más vale mantenerse alejado y no pretender introducirse ni siquiera con la noble intención de ayudar. No te metas de redentor porque saldrás crucificado decían en estos casos nuestros abuelos.

Pero aun con todo esto mencionado existe el riesgo de que torpemente algunos decidan seguir adelante, buscándole tres pies al gato, tal es mi caso, necio al fin, genio y figura. Aquí voy.

No sé en qué estén pesando. Pero a lo que yo me referiré es más arriesgado que lanzarse en parapente y padecer a la vez problemas cardíacos, más arriesgado que cruzar a pie los desiertos de Sonora y del Mojave juntos. Más peligroso es hoy, sin duda, hablar y escribir sobre…política, ya que no hay posibilidad de sobrevivencia.

Me prometí nunca escribir sobre política, en primer término, porque tengo tan poco que decir, hay tantos a quienes yo leo que lo hacen tan correctamente aquí en este mismo medio Informativo.  Siempre se nos ha dicho que con, la familia, en el trabajo o con los amigos más vale no hablar de política, de religión y de futbol. A veces pienso que el futbol e incluso la religión parecen palidecer ante el poder de polarización y de generación de odio que tiene la política en nuestros días.

De cualquier manera, aquí voy, sin ningún afán, solo por necesidad, no quiero aportar nada al debate, no pretendo enseñar a los que no saben, ni corregir al amigo que se ha vuelto, ingenuamente, adepto o adicto a tal o cual movimiento de esos de: “Ahora si esta es la real acción revolucionaria y trasformadora”. Ni siquiera deseo mostrar, desde otro ángulo, no visto por nadie, mi visión de las cosas, porque creo que, en esto, no hay nada nuevo bajo el sol.

Hoy solo quiero sacar, en catarsis liberadora, lo que me pudre, solo eso, purificarme, purgarme. Pido perdón por usar este espacio para tan egoístas pretensiones.

Pienso que todo hombre cuenta con mecanismos de depuración para de alguna manera ir “sudando” toda aquello que le enferma, creo que es la humana vía para mantener el equilibrio emocional, sin embargo, hoy parece que esta función natural se atrofia ante la inmisericorde exposición a lo político que todos sufrimos a través de las “benditas redes” y por la creciente polarización que estas producen. Sin exagerar desayunamos, comemos y cenamos política y es esta tan mala y deplorable que la indigestión sobreviene necesariamente, haciendo urgente otra vía de sanidad. Sanar por expulsión provocada.  Esto es lo que pretendo y solo por eso es por lo que rondo hoy los pútridos confines de lo político. Que Dios me agarre confesado y me permita conservar algún amigo.

Suele decir mi estimado, Jorge Chávez, que hoy vivimos un gatopardismo político, expresión que significa que todo debe cambiar para seguir igual, no comparto totalmente esta ideal porque creo que en la política mexicana todo efectivamente cambia, pero para ser cada vez peor. Cada sexenio y cada trienio comprobamos asombrados que es posible estar peor que antes.

Es tan deleznable la política, que en nuestro país se ha vuelto rutinario que los partidos políticos se nieguen a sí mismos (a quien le importa una traición más) y se presenten ante el electorado con retorcidos argumentos retóricos como –somos un partido conformado por el pueblo no por políticos, – otro eslogan que recuerdo decía: –vota por nuestro partido, ayúdanos a sacar a los políticos del gobierno. ¡Vaya cinismo!

¡Convicciones, principios y esos qué son, con qué se comen!

En un triste panorama de trinquetes, traiciones, golpes bajos y fuego amigo, pan de cada día en la política mexicana, sin poder creerlo, vemos como cotidianamente se politiza lo que uno supondría que no debería ser politizado, las medicinas para los niños con cáncer, la muerte de Geovanny López, o el escandaloso conteo de los decesos por la enfermedad del virus del Covid-19. Para nuestros políticos no hay “paz ni tregua de Dios” ante la posibilidad de ganar una elección ya que al parecer   un solo voto “bien vale una misa”; así sea con el diablo. Todo lo alcanza la fétida y purulenta mano de la política.

En el desfile de “impolutos” especímenes de nuestra pérfida galería de políticos (que no son según ellos sino humildes servidores a quienes mueve un incontrolable y casi místico deseo de servir a la justicia, a la libertad y a la democracia), podemos observar entre otros muchos a:

-Un prometedor joven azul con mucho talento, pero mayor más ambición, que prefirió en su camino al poder, talar el bosque de camaradas correligionarios antes de ceder un milímetro en sus aspiraciones.

Un niño verde que de verde solo tiene su inmadurez y que sería capaz de vender el Cañón del Sumidero a cambio de tres votos

Y una caterva de maduritos guindas que antes fueron tricolores, o verdes o azules y que han mutado de otrora encendidos opositores a comparsas con insospechada vocación de floreros.

Y unos, ya muy pocos, deslavados tricolores que buscan un nuevo y desesperado acomodo en el tren de la patria del que fueron expulsados.  No creo que sea necesaria la aclaración, pero desde luego que a estos patriotas tricolores no les importa el destino del tren que ya lo único que cuenta es montarse rápido antes que la historia les olvide.

Suficiente.  Ha terminado la catarsis, no vaya a salir peor el remedio que la enfermedad.

07/junio/2020

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