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LA LEY DEL TALIÓN Y LA POSVERDAD

Por Ernesto Parga Limón

Larga es la lista de errores de comunicación de la 4T, errores motivados por el terco afán de ideologizar a la realidad. “Yo tengo otros datos” es el mejor ejemplo de eso que llamamos posverdad y que se define según la RAE como: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».  No se puede tener otros datos, no los hay, es imposible que haya dos verdades sobre la misma realidad, alguien acierta y alguien yerra.  2 más 2 son cuatro… y no 6.

Se ha de demostrar que se poseen los datos, los únicos, los verdaderos y   desmontar así el error contrario con pruebas.

El renombrado poeta Antonio Machado autor del poema que inspiró a Serrat en su maravillosa canción de protesta titulada Cantares, escribe en otro lugar:

¿Tú verdad? no, la verdad;
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.

Presentar al INE como un enemigo de la democracia; primero negar para después intentar atribuir el desabasto de medicamentos para los niños con cáncer a “nuestros enemigos”; ofender a un amplio y muy importante segmento de la sociedad mexicana llamándola “clase media inhumana, materialista, manipulable y aspiracionista”; son tan solo botones de muestra del largo elenco de las pifias comunicativas recientes en que han incurrido el presidente y sus voceros.

Si hacemos caso a la sentencia atribuida a Napoleón Bonaparte: “Si el enemigo se equivoca no lo distraigas”. Los partidos de oposición estarán ahora lamiéndose los bigotes, solo les falta un buen abanderado en la carrera para el 2024, que ahora brilla por su ausencia.  

Otro error más de comunicación, un desatino, (un error dentro de otro error), no solo en sus intenciones sino en la manera en que fue presentado, ya tuvo su primera emisión. Es la sección titulada “¿Quién es quién en las mentiras de la semana?”: El nuevo segmento de las mañaneras. Aquí le expido su certificado de pronta defunción. Si usted es adepto a la 4T apúrese a verlo; que no durará.

Es, según el propio presidente, un ejercicio para equilibrar la balanza, para que el pueblo sea informado de quienes lo engañan, es, insiste AMLO, un derecho a la réplica que nadie le puede quitar, es un, basta ya, ante la andanada brutal de los medios poderosos en su contra. Es extraño ver al poderoso, ¿quién lo es más que el presidente? (Goliat quejándose de David), lamentarse de los medios poderosos, él que tiene canales de televisión y radio oficiales a sus órdenes, él que tiene   una caterva de periodistas a modo, Ackerman, Estefanía Veloz, Gibran Ramírez entre otros.

Un derecho a la réplica que no justifica, un derecho que no ejerce en apego a su reglamentación legal. Digámoslo claro un derecho que se cobra a lo chino, por la libre, saltándose la necesaria mediación de la ley. Es decir, su propia Ley del Talión. Un derecho a la réplica que él no otorga cuando sin pruebas emite epítetos y señalamientos que no demuestra.  Adicionalmente se debe asumir el hecho innegable de que el presidente es no una figura pública, sino la figura pública por definición; y que es parte inherente a todo sistema democrático el cuestionar lo que se considera cuestionable.

Si el presidente quiere ejercer su pretendido derecho de réplica ante todo aquel que esgrima públicamente algún argumento en su contra; me pregunto: ¿a qué horas va a trabajar el hombre?

Sospecho que al presidente le parece necesaria esta locura porque no ha podido digerir los millones de votos que perdió el 6 de junio, que le llevaron a una derrota dolorosa en la CDMX el epicentro mismo de su movimiento.  Piensa entonces que la prensa es la culpable, no su gestión de la pandemia, no algunos de sus candidatos impresentables de su partido, no la línea 12, no sus promesas incumplidas, no ya sus casi tres años sin resultados en seguridad, no los pleitos intestinos de Morena, no sus bravatas en contra del INE, no.  La prensa debe ser la culpable y debe pagar la osadía de disentir.

La primera entrega de ese seudo ejercicio periodístico fue lamentable. Presentado por una Ana Elizabeth Vilchis que se quiso hacer la graciosa, como cuando dijo que a la primera nota la llamaría “nado sincronizado”, ya que todos los periodistas que la comentaron nadaron armónicamente en contra de la 4T… hasta allí llegó su gracia, su ingenio. Vilchis jugó a ser el presidente por un ratito y descalificó, claro, sin pruebas, a diestra y siniestra: al País por ser un diario español y porque sus propietarios se beneficiaron en el periodo neoliberal, a Raymundo Riva Palacio por haber sido director de Notimex en la época de Carlos Salinas de Gortari y por haber trabajado más de 10 años con el expresidente.

En fin, aunque uno no quiera, lo llevan a pensar en Bartlett,

El propio Gibran Ramírez dijo en una entrevista, que este ejercicio o mejora o debe desaparecer, imagínese qué tan malo resultó que hasta este corifeo pagado piense esto.  

Al presidente o le ayudan a hacer de esta sección algo de provecho, en sus ya de por si desgastadas mañaneras o le explican de plano que esto no sirve en nada para su causa.

¿Habrá alguien en su entorno con la interlocución necesaria para darle un buen consejo? Lo dudo

¿El presidente lo escucharía? Lo dudo