¿Quiénes comen del banquete interminable?

Por Joaquín Paganetti

humanidad.com.ar

Allí me encontraba, parada en un salón de colores armónicos, con un techo alto pero con terminaciones visibles. La angustia me devoraba por dentro. No sabía por qué, pero lo que ocurría en aquella escena superaba mi velocidad, mis capacidades humanas. Algo corría más rápido.

Enfrente y detrás mío habían dos mesas rectangulares muy largas. Ambas estaban llenas de platos de comida. Deliciosas piezas gastronómicas, abundantes algunas y más exclusivas otras, estaban al alcance de mi mano. Solo debía moverme un poco y llegar hasta ellas. Pero apenas tocaban mi dedos la superficie aura de la comida, ésta desaparecía.

Sentía que personas a mi alrededor se la llevaban a la boca antes que yo. No me dejaban nada. A los poco segundos volvían a aparecer más alimentos que parecían sumamente sabrosos, pero que nunca pude comprobar con mi propia experiencia.

Y allí estaba, sin entender lo que pasaba. Me acercaba, se iba. Me alejaba, aparecía. Lo que mi estómago gritaba, mi pecho lo acallaba estriñéndose. Algo me dice que no me será fácil descubrir quiénes son los que se comen el banquete. Y lo peor de todo es que el dolor que todo esto le causa a mi alma, le quita fuerzas a mi voluntad.

Mientras tanto, aquí estoy, viendo a la gente y la escena cambiar. La estructura de la sala permanece intacta. ¿Es esta su esencia? ¿O lo es aquello en constante renovación? Fuera cual fuera, me superan, y aquí estoy, angustiada. Como en un sueño del que aun no he llegado a despertar, y al acabarse, recupero mi libertad.

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