A Iván Parga que cumple años y hoy mismo entregó su tesis doctoral.
Estaba justo en la frontera de sus 18 años (un niño y no más), cuando el destino, que se sirve de insospechados medios llamó finalmente a su corazón. Desde muy pequeño se abrazó a los libros, -cuéntame un cuento solía decir tan pronto aprendió a hablar-, así que paciente esperaba, mientras leía incansablemente bajo la sombra de la vetusta higuera que aun señoréa el patio de sus infantiles cavilaciones. Ya han pasado 13 años desde aquel día, yo no estuve ahí, solo él y sus sueños, sus temores, sus anhelos y sus arraigos. Y mirando de soslayo a sus naturales temores, dio un paso al frente y con un salto de fe se montó en el lomo de un libro como si montara al quimérico Pegaso.
¿Quién tocó a su puerta?, ¿a quién siguió en el Pegaso de sus sueños? Quizá a Homero que le susurraba la historia del amor heroico de Ulises por Penélope, o tal vez a Virgilio que con firmeza le contaba la historia de Roma y su divino origen, o a Cervantes que en voz de su caballero de la triste figura en arcaico español le invitaba, como conminó al noble Sancho, a “desfacer entuertos” para hacer que en el mundo reine el bien y la justicia, o quizá fue al mismísimo Dante, poeta entre poetas, que narrando su azarosa travesía, le contó cómo es qué llegó al empíreo, el más alto de los cielos, donde Dios tiene su morada.
Y ya con el chico, de tan solo 18 a la grupa, el libro que prometía mil aventuras, cual caballo alado batió enérgico sus hojas para llevarlo como amante dulcemente prisionero al continente de las letras y cruzaron la mar inmensa para aterrizar lejos de casa, pero sin estar solo, ahora vivía en inmensas bibliotecas a lado de sus héroes clásicos y ellos por su humanidad le acompañaban, lo protegían, lo guiaban como si fueran sus ausentes padres o tal como Virgilio hizo en la Divina Comedia con el atemorizado Dante.
Decía Borges: “yo, me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca”; algo similar debió haber sentido aquel muchacho.
Hoy cumple 31 años; es verdad que a veces la distancia es un cuchillo que corta fino y que atraviesa el alma.
Sé muy bien, y eso reconforta, que siempre y cada vez más él ha tenido, como reza el viejo tango que su abuelo gustaba escuchar, “el corazón mirando al sur”. Seguro sabe, y eso debe reconfortarle también, que el orgullo por su vida, de todos los que lo queremos, sobrepasa toda tristeza.
Su mundo ha sido muchos mundos, muchas lenguas, muchas leguas, muy ajenas costumbres, y en todos esos mundos ha sabido encontrar su espacio y su lugar para seguir soñando mucho, estudiando y trabajando más, como lo hacen las gentes de bien.
¡Cómo no agradecer tanta bendición ¡
Feliz cumpleaños Iván, Dios te bendiga.
Tu madre y yo con el corazón siempre mirando al norte.



Excelente y magistral reflejo de sentimiento poético,vertiente de mucho amor y nostalgia. Me uno a la felicitación,pero son los caminos de la vida.
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